Ferrán Torres celebra el gol de la final del mundial 2026

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Ferran Torres, psicología y salud mental: la terapia también gana partidos

España es campeona del mundo y el gol decisivo lo firmó Ferran Torres en el minuto 106 de la final ante Argentina. Detrás de esa imagen hay otra historia menos visible: la de un jugador que pasó por lesiones, suplencias y críticas hasta caer en lo que él mismo llamó un «pozo sin fondo», y que decidió pedir ayuda.

España volvió a proclamarse campeona del mundo y el gol decisivo llevó el nombre de Ferran Torres. El delantero apareció en el minuto 106 de una final cerrada ante Argentina para marcar el tanto que dio a la selección española su segunda estrella.

La escena parecía escrita para el fútbol: un jugador que había sufrido lesiones, suplencias, errores y críticas terminaba resolviendo el partido más importante. Pero detrás del gol existe otra historia menos visible y posiblemente más valiosa. Ferran Torres llevaba años trabajando su psicología, asistiendo a terapia y hablando públicamente sobre la importancia de cuidar la salud mental.

Ferran Torres y la psicología: del «pozo» a la cima del fútbol

En 2023, Ferran Torres explicó públicamente que había atravesado una etapa muy difícil. El rendimiento no acompañaba, las críticas aumentaban y el jugador comenzó a perder seguridad en sí mismo.

El propio Ferran describió aquella situación como un «pozo sin fondo». También contó que se había puesto en manos de un psicólogo y que acudía a terapia una o dos veces por semana. Las sesiones no se centraban exclusivamente en el fútbol: también hablaba sobre su vida personal, sus emociones y la manera en la que afrontaba las dificultades.

Su testimonio ayuda a desmontar una de las ideas que todavía mantienen muchas personas alejadas de la terapia: creer que solamente debemos acudir a un profesional cuando hemos llegado al límite.

Ferran Torres no utilizó la psicología como una solución inmediata para marcar más goles. La utilizó para entender qué estaba ocurriendo dentro de él, recuperar estabilidad y desarrollar herramientas para gestionar tanto los buenos momentos como los malos.

La diferencia es importante. La terapia no elimina todos los problemas ni garantiza que desaparezcan las críticas, las lesiones o los errores. Ayuda a que esas experiencias no controlen completamente nuestra vida.

«Cuidar la mente no consiste en evitar todas las caídas, sino en aprender a levantarnos sin convertir cada tropiezo en una definición de quiénes somos».

Cuando las críticas terminan entrando en el vestuario

Desde fuera, resulta fácil pensar que un futbolista de élite debería ser inmune a las opiniones ajenas. Tiene éxito, reconocimiento, estabilidad económica y millones de seguidores. Sin embargo, ninguna de esas condiciones anula la vulnerabilidad psicológica.

Ferran Torres ha reconocido que durante un tiempo pensaba que las críticas no le afectaban. Con el paso de los meses comprendió que sí lo hacían. El ruido exterior fue debilitando su confianza, su ilusión por jugar e incluso sus ganas de acudir a los entrenamientos.

Este proceso no es exclusivo del deporte profesional. También ocurre cuando una persona acumula comentarios negativos en el trabajo, comparaciones familiares, rechazo social, conflictos de pareja o mensajes hostiles en redes sociales.

Rara vez perdemos la autoestima por un único comentario. Lo habitual es que se deteriore progresivamente:

  • Empezamos a prestar más atención a nuestros errores que a nuestros avances.
  • Interpretamos una mala experiencia como una prueba de incapacidad.
  • Evitamos nuevos retos para protegernos del fracaso.
  • Dependemos cada vez más de la aprobación externa.
  • Terminamos hablándonos con más dureza de la que utilizaríamos con cualquier otra persona.

En ese punto, la terapia puede servir para identificar las creencias que están alimentando el malestar y construir una forma más equilibrada de interpretar lo que sucede.

La confianza en uno mismo no significa sentirse invencible

La historia de Ferran Torres permite diferenciar dos conceptos que suelen confundirse: confianza y ausencia de miedo.

Tener confianza no significa entrar en cada situación convencidos de que todo saldrá bien. Tampoco consiste en ignorar las dudas o repetir frases positivas que no creemos. La confianza psicológica es la percepción de que podemos actuar, adaptarnos y sostenernos incluso cuando no tenemos garantizado el resultado.

Un deportista puede estar nervioso y confiar en su preparación. Una persona puede sentir miedo antes de una entrevista y presentarse igualmente. Alguien puede haber sufrido una ruptura, una pérdida o un fracaso profesional y comenzar de nuevo sin haber resuelto todavía todas sus inseguridades.

La confianza se construye mediante experiencias, hábitos y decisiones. Entre ellas:

  • Cumplir pequeños compromisos con nosotros mismos.
  • Diferenciar una crítica útil de un ataque o una descalificación.
  • Reconocer los errores sin utilizarlos para castigarnos.
  • Aceptar que el progreso no siempre es lineal.
  • Pedir ayuda antes de llegar al agotamiento.
  • Aprender a tolerar la incomodidad de volver a intentarlo.

El gol de Ferran en la final no borró sus temporadas anteriores. Tampoco convirtió automáticamente cada decisión pasada en un acierto. Lo que hizo fue demostrar que una mala etapa no determina para siempre lo que una persona será capaz de hacer.

Kylian Mbappé: la salud mental sigue siendo un tabú en el deporte de élite.

Futbolistas que hablan sobre salud mental

Ferran Torres no es el único jugador que ha ayudado a normalizar la psicología en el deporte. Cada vez más futbolistas hablan sobre salud mental, presión, ansiedad, depresión o necesidad de recibir ayuda profesional.

Sus testimonios son relevantes porque cuestionan el modelo tradicional del deportista invulnerable: alguien que debe competir, soportar la presión y ocultar cualquier señal de sufrimiento.

Kylian Mbappé: el miedo a mostrar vulnerabilidad

Kylian Mbappé ha señalado que la salud mental continúa siendo un tema tabú dentro del deporte de élite. Según explicó, muchos deportistas tienen dificultades para expresar cansancio, malestar o vulnerabilidad porque temen ser juzgados.

En un contexto extremadamente competitivo, reconocer que algo no va bien puede interpretarse como una excusa. Este temor también existe fuera del fútbol. Muchas personas ocultan lo que sienten porque creen que hablar perjudicará su imagen profesional, familiar o social.

Pero guardar silencio no elimina el problema. En numerosas ocasiones, lo prolonga.

Andrés Iniesta: la depresión también puede convivir con el éxito

Andrés Iniesta ha hablado abiertamente sobre la depresión que sufrió durante su carrera. Su testimonio es especialmente significativo porque el malestar apareció mientras desde fuera parecía tenerlo todo: títulos, reconocimiento y una posición privilegiada en uno de los mejores equipos del mundo.

Andrés Iniesta sobre la salud mental: Todos pasamos por momentos oscuros y difíciles
Andrés Iniesta sobre la salud mental: Todos pasamos por momentos oscuros y difíciles

Iniesta recibió acompañamiento psicológico y ha insistido en que expresar que uno no está bien no debería interpretarse como debilidad.

Su experiencia nos recuerda que los problemas de salud mental no son un juicio sobre el valor, el talento o el agradecimiento de una persona. Se puede tener una vida aparentemente exitosa y necesitar ayuda.

Álvaro Morata: depresión, ansiedad y presión pública

Álvaro Morata ha relatado que sufrió depresión y ataques de pánico, además de explicar el impacto que tuvieron sobre él los insultos, la presión mediática y las críticas dirigidas incluso hacia su familia.

Morata llegó a plantearse no acudir a una gran competición y abandonar determinados espacios vinculados al fútbol. Su historia muestra que la exposición continuada al rechazo tiene consecuencias, aunque la persona sea famosa, experimentada o esté acostumbrada a competir.

Normalizar la salud mental también implica revisar cómo hablamos de los demás. La crítica deportiva no debería convertirse en deshumanización.

Erling Haaland: proteger el foco también es autocuidado

Erling Haaland ha explicado que evita leer numerosos comentarios y opiniones sobre sí mismo porque no puede controlar lo que otras personas dicen o escriben.

Esta decisión representa otra dimensión del autocuidado: establecer límites sobre la información que permitimos entrar en nuestra mente.

No siempre podemos detener las críticas, pero sí podemos reducir la exposición constante a ellas. Silenciar notificaciones, limitar el tiempo en redes sociales, dejar de buscar compulsivamente opiniones o alejarnos de determinados entornos también son formas válidas de protección psicológica.

Salud mental en el fútbol: la cabeza también necesita entrenamiento

Durante años, la preparación de un futbolista se asociaba casi exclusivamente con el entrenamiento técnico y físico. Sin embargo, el rendimiento deportivo también depende de procesos psicológicos como la atención, la regulación emocional, la tolerancia a la frustración, la motivación y la toma de decisiones bajo presión.

Ferran Torres ha hablado sobre la meditación, el trabajo psicológico y la necesidad de aprender a gestionar tanto las etapas positivas como las negativas. Estas herramientas no impiden que aparezca el nerviosismo. Ayudan a responder de una forma más funcional cuando aparece.

En la vida cotidiana sucede algo parecido. No podemos controlar completamente una pérdida, una lesión, una separación, una decisión empresarial o el comportamiento de otras personas. Sí podemos trabajar nuestra respuesta.

La psicología no convierte a nadie en invulnerable. Amplía sus recursos.

Qué es realmente el autocuidado

La palabra autocuidado se utiliza con frecuencia para describir momentos agradables, productos de bienestar o actividades de descanso. Aunque disfrutar y desconectar puede ser positivo, el concepto es mucho más amplio.

La Organización Mundial de la Salud define el autocuidado como la capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover y mantener su salud, prevenir enfermedades y afrontar los problemas de salud, con o sin apoyo profesional.

Desde esta perspectiva, autocuidarse puede significar:

  • Dormir el tiempo necesario.
  • Mantener actividad física regular.
  • Comer de manera suficientemente equilibrada.
  • Pedir apoyo a personas de confianza.
  • Establecer límites en relaciones dañinas.
  • Reducir la exposición al odio y la comparación en redes sociales.
  • Reservar tiempo para la recuperación.
  • Acudir a terapia cuando el malestar lo requiere.
  • Consultar con profesionales sanitarios ante síntomas persistentes.

Autocuidarse no siempre resulta agradable. A veces implica mantener una conversación incómoda, decir que no, reconocer que necesitamos ayuda o abandonar un hábito que utilizábamos para evitar nuestras emociones.

Terapia psicológica: pedir ayuda antes de rompernos

La psicoterapia ayuda a identificar y modificar emociones, pensamientos y conductas que están causando sufrimiento o dificultando la vida cotidiana. Sus objetivos pueden incluir reducir síntomas, mejorar el funcionamiento diario, tomar decisiones y aumentar la calidad de vida.

No existe un único motivo legítimo para acudir a terapia. Algunas personas buscan ayuda por ansiedad, depresión, duelo o ataques de pánico. Otras quieren comprender patrones repetitivos, mejorar sus relaciones, aprender a poner límites o recuperar la autoestima.

También es posible comenzar terapia sin encontrarse en una crisis extrema.

Esperar a estar completamente desbordados para pedir ayuda sería parecido a esperar a sufrir una lesión grave para empezar a cuidar el cuerpo. La intervención temprana puede evitar que determinados problemas se cronifiquen o afecten a más áreas de la vida.

La terapia tampoco sustituye necesariamente al autocuidado. Ambos elementos pueden complementarse. Dormir, moverse y mantener vínculos sociales crea una base de bienestar; el trabajo terapéutico permite comprender y abordar procesos más profundos o persistentes.

Autoestima y autocompasión: tratarse con respeto para poder mejorar

La autoestima no consiste en pensar que somos mejores que los demás. Es la valoración global que hacemos de nosotros mismos y la sensación de que merecemos respeto, incluso cuando cometemos errores.

Cuando la autoestima es frágil, un fallo puede sentirse como una sentencia: «he fracasado, por tanto soy un fracaso». Una autoestima más saludable permite formular una lectura distinta: «esto ha salido mal; puedo analizarlo, asumir mi responsabilidad y decidir qué hacer después».

Aquí también resulta importante la autocompasión. No significa justificar cualquier comportamiento ni renunciar a la exigencia. Consiste en tratarnos con humanidad cuando sufrimos o fallamos.

La investigación psicológica ha relacionado las intervenciones centradas en autocompasión con reducciones del estrés, la ansiedad y determinados síntomas depresivos. Hablarse con respeto no elimina la responsabilidad. Facilita que podamos asumirla sin quedar paralizados por el desprecio hacia nosotros mismos.

No rendirse también significa saber detenerse

En el deporte se utiliza con frecuencia el mensaje «no te rindas». Puede ser inspirador, pero necesita matices.

No rendirse no siempre consiste en continuar haciendo exactamente lo mismo. A veces significa cambiar de estrategia, descansar, pedir ayuda o reconocer que una situación nos está perjudicando.

Ferran Torres no superó su etapa difícil fingiendo que nada ocurría. Reconoció el problema, habló con su entorno y comenzó a trabajar con un psicólogo. Su recuperación no fue únicamente una demostración de fuerza de voluntad. También fue una demostración de flexibilidad y autocuidado.

La perseverancia saludable no exige ignorar el dolor. Exige escucharlo sin permitir que decida por completo nuestro futuro.

De las críticas al momento decisivo

La imagen de Ferran Torres marcando el gol del Mundial condensa una verdad psicológica que trasciende el fútbol: nadie debería quedar definido por su peor temporada.

Una lesión no resume una carrera. Un error no resume una capacidad. Una crítica no determina el valor de quien la recibe. Una época de ansiedad, tristeza o baja autoestima tampoco constituye una identidad permanente.

El éxito final no es lo único que valida el camino de Ferran. Su historia ya resultaba valiosa antes del gol porque había hecho algo que sigue siendo difícil para muchas personas: reconocer que necesitaba ayuda y hablar de ello públicamente.

Por eso su ejemplo puede contribuir a normalizar la terapia. No como un recurso exclusivo para deportistas, ni como una fórmula para alcanzar el éxito, sino como un espacio en el que aprender a comprendernos y sostenernos.

La lección de autoestima y confianza de Ferrán Torres

La lección de Ferran Torres sobre psicología y confianza

Ferran cayó, sufrió lesiones, fue criticado y perdió parte de su confianza. Después pidió ayuda, trabajó su salud mental y siguió preparándose. Cuando llegó el momento decisivo, estaba disponible para actuar.

No todas las historias terminan con un gol en una final. El autocuidado y la terapia no garantizan trofeos, ascensos profesionales ni resultados perfectos. Su valor está en ayudarnos a vivir con más conciencia, autonomía y recursos, independientemente del marcador.

Normalizar la terapia significa dejar de verla como el último recurso de una persona rota. Normalizar el autocuidado significa entender que cuidarnos no es egoísmo ni falta de ambición. Y trabajar la autoestima significa aprender que podemos equivocarnos sin convertir cada error en una condena.

La mente también juega. En el fútbol y fuera de él.

Y no necesitamos esperar al minuto 106 para empezar a cuidarla.

Referencias bibliográficas

  1. Organización Mundial de la Salud (2026)
Fact check clínico

Este artículo ha sido revisado para comprobar claridad, prudencia clínica y coherencia con el enfoque asistencial de Psiconervión.

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Redacción de Psiconervión
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