Paola Bueno Arévalo
Psicóloga nº CL06481
Cuando un niño o adolescente se distrae con facilidad, parece estar “en marcha” todo el día o actúa sin pensar, no es raro que la familia se sienta agotada, preocupada o sin saber qué más probar. En muchos casos no es cuestión de voluntad ni de “portarse mal”, sino de una dificultad real para regular la atención, la actividad y los impulsos.
En Psiconervión te ayudamos a entender qué le sucede y a construir un plan práctico para el día a día. Con las herramientas adecuadas, suele ser posible mejorar la convivencia, el rendimiento y, sobre todo, el bienestar del menor.
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El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una condición del neurodesarrollo que influye en cómo el cerebro gestiona la atención, el control de impulsos y el nivel de actividad. En la infancia y la adolescencia puede verse en dificultades para concentrarse, seguir instrucciones, planificarse, esperar turnos o frenar respuestas rápidas, incluso cuando el niño o adolescente quiere hacerlo.
No siempre se presenta igual: a veces predomina la inatención (despistes, olvidos, dificultad para terminar tareas), otras la hiperactividad/impulsividad (necesidad de moverse, hablar mucho, interrumpir), y en muchos casos aparece una combinación. Además, puede cambiar con la edad: en preescolar suele verse más movimiento y rabietas; en primaria se notan más los retos escolares; y en adolescencia puede haber menos hiperactividad “visible”, pero mantenerse el desorden, la impulsividad o la sensación de ir desbordado.
En niños y adolescentes, el TDAH suele notarse por patrones repetidos que aparecen en el día a día (no por un mal día suelto). Algunas señales frecuentes son:
Lo importante es valorar la frecuencia, desde cuándo ocurre y cuánto interfiere en el aprendizaje, la convivencia y la autoestima.


Es normal que en ciertas etapas haya más movimiento, impulsividad o despistes. La diferencia suele estar en que, en el TDAH, las dificultades se mantienen y terminan afectando de forma clara a la vida escolar, familiar o social. A veces el menor se esfuerza muchísimo y aun así no consigue regularse, y eso le hace sentirse “menos capaz” o “siempre regañado”.
Puede ser buen momento para pedir ayuda si:
Pedir ayuda no es culpar ni etiquetar: es entender el problema y dotar al menor (y a la familia) de herramientas que funcionen.
Contar con un Psicólogo especialista en TDAH en etapas infantiles y adolescentes permite abordar el problema con una mirada completa: conducta, emociones, autoestima, hábitos y contexto escolar. En Psiconervión trabajamos con un enfoque personalizado y basado en evidencia, adaptando la intervención a la edad y a las necesidades reales del menor y su familia.
Acompañamos con estrategias prácticas para atención, organización y autorregulación, y también con pautas para madres y padres que ayuden a reducir el conflicto y aumentar la cooperación. Cuando es útil, coordinamos orientaciones con el centro educativo. Ofrecemos atención presencial y online.
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Puede haber temperamento fuerte sin que exista TDAH. Cuando hay TDAH, las dificultades para atender y/o frenar impulsos son persistentes y afectan al cole, casa o relaciones. Una valoración profesional ayuda a aclararlo.
No siempre. En peques suele verse más hiperactividad y rabietas; en primaria destacan las dificultades escolares; y en adolescencia puede haber menos movimiento visible, pero más desorganización, impulsividad y malestar emocional.
Sí. La terapia enseña habilidades (organización, autorregulación, manejo emocional) y ayuda a la familia a aplicar pautas consistentes. Muchas familias notan mejoras al tener estructura y herramientas adaptadas.

Queremos que encuentres a quien mejor pueda acompañarte en tu momento vital. Explora, conócenos y si lo necesitas, estamos aquí para ti.
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